Mitos y leyendas

Mitos y las Leyendas de Sahagún y la Región

Los Mitos y las Leyendas son una de las
costumbres más importantes del pueblo colombiano. Hacen parte de la tradición oral de los pueblos que se encargaron de unir la fantasía con las creencias populares, el resultado fue una serie de cuentos que han ido evolucionando a través de los siglos.


Colombia es de los países de Latinoamérica que se destaca por su riqueza y patrimonio inmaterial en tradiciones orales; parte de esas tradiciones son los Mitos y Leyendas que por la basta geografía se enlazan con la vida cotidiana de muchos.

Sahagún como todo pueblo que se respete, tiene una serie de mitos y leyendas, sobre hechos que nunca sucedieron, pero hoy en día hacen parte de la historia local del municipio. Esto se debe a la memoria colectiva de nuestros antepasados, de los abuelos, la tradición oral como patrimonio cultural. Es casi como surge la leyenda de la Princesa Baraji, Ánima del Camino, el Vampiro de Ranchería, la Llorona, la Loca de Bajo Grande, el Santico de la Botella, etc.

 

LA PRINCESA BARAJI

En el hogar de don Rogelio Díaz y dona Teresa Lozano de Díaz doña Teresa estaba en los días de tener un hijo y mantenía en casa a la señora Mariana Acevedo, de mucha experiencia en el trato de mujeres en trance de parir. La noche del día 23 de diciembre de 1898 dona Teresa pario una preciosa niña. La noticia fue conocida en el pequeño pueblo de Sahagún.

 

Como era costumbre los amigos mas allegados visitaban a los padres de la recién nacida y le ofrecían regalos.

 

El día 25 de diciembre del mismo ano, los señores Eugenio Lyons, Jesús María Vergara, Juan Baldomero Aldana, Rosendo de la Ossa y don Francisco Flórez, se reunieron en casa de don Rudecindo Díaz, abuelo de la recién nacida María Irene, luego se dirigieron a la casa de los padres de la niña para felicitarlos. En el trayecto por recorrer se encontraron con el señor Juan Quintero, lo invitaron a la visita pero no acepto porque no había contribuido para la compra del regalo. Don Juan Quintero, todo inteligencia, espero que llegaran sus amigos a casa de don Rogelio, luego se dirigió a ella y con disimulo, por la puerta del corral, una vez en el patio vio una hermosa mata de ají, AQUI VIENE LO BIJENO, se le ocurrió coger una pequeña rama, le quito las hojas, le dejo los ajíes verdes y maduros, le pidió prestado.

 



parte 1

A la señora Petronila Parra, empleada del servicio domestico, dos platos, Petronila con mucho nervio se los entrego. El señor Quintero coloco las ramitas de ají en los platos y con la misma Petronila las envió a la recién nacida. Don Rogelio todo furioso considero una falta de respeto y ordeno devolver el regalo. Uno de los visitantes, don Francisco Flórez, dijo: Espera Rogelio, me imagino que estas cosas solo se le ocurren a Juan Quintero, vamos a ver. Salieron al patio y efectivamente, Juan Quintero se encontraba ahí lo llevaron a la sala de la casa y al brindar pidió permiso para ver a la hermosa María Irene Estando en el cuarto se acerco a la cama donde estaba doña Teresa con su hermosa hija, cogió las ramitas de ají, las coloco en las manecitas de María Irene y dijo en alta voz: "Desde' este momento serás LA PRINCESA DE LA VARA DE AJI". La ocurrencia de don Juan Quintero fue festejada por todos los presentes.

Pasaron días, meses y años, María Irene crecía disfrutando de grandes comodidades. Los habitantes del pueblo de Sahagún, unos le decían a la niña María Irene, otros la Princesa Baraji.

Cuando Mana Irene cumplió 15 años, el joven Pedro Castro fue su primer admirador, pero los padres de María Irene, por no créelo igual a ella lo rechazaron.

 

Al frente de la casa de don Rogelio cuando llovía se formaba un charco, entonces Pedro lo llamaban 'CHARCO DE LA REINA".

 

Más tarde el joven Manuel Lozano, de la familia de Teresa, se enamoro de María Irene. Cuando.la visitaba todo era alegría Manuel para quitarle el nombre al charco y teniendo en cuenta la ocurrencia de don Juan Quintero, llamaba a María Irene MI PRINCESA DE LA VARA DE AJI y al charco lo llamaba El Charco de la Vara de Ají.

Manuel era dueño de buena riqueza, en su finca preparaba un hermoso potro para regalárselo a la Princesa, con tan mala suerte que lo tumbo recibiendo golpes que le ocasionaron la muerte.

María Irene, enamorada para siempre de Manuel, solo pensaba en su Manuel.

 

La naturaleza se encargo de rellenar el charco que se formaba frente a la casa de don Rogelio y los niveles del terreno permitieron que se formara el charco en el camino que del pueblo de Sahagún llega al pozo “EL CABRO" donde las familias que Vivian en Sahagún, recogían agua para sus necesidades.

La frase "PRINCESA DE LA BARA DE AJI' quedo reducida a dos palabras "PRINCESA BARAJI" y finalmente la palabra BARAJI se ha seguido usando en la región, así: un pequeño bosque del (club Campestre de Sahagún, recibe el nombre de Bosque Baraji, y un barrio que se formo y la estación de radio que funciona en el pueblo de Sahagún reciben el nombre, el primero Barrio Bosque Baraji y el segundo Radio Baraji.

EL ENCANTO DE TOLÚ CHIQUIITO

Los primeros habitantes de Sahagún se acercaban a la famosa represa de Tolú chiquito ubicada en los predios del señor José Luis Dumar. El viento surgía de la nada que movía sus aguas y las azotaba contra las orillas. Las personas que se encontraban por allá decían que se escuchaban unos quejidos constantes como de espíritu maligno y que a los pocos días en la represa se ahogaba una persona. Los encargados de sacar los ahogados comentaban que esas aguas del fondo eran heladas y que eran atraídas hacia el fondo de la represa. Esta se llevo muchas personas y el pueblo comentaba que el dueño tenía pactos con el diablo.

A la gente le daba miedo ir a lavar y bañarse en ella. La Última persona que se ahogo fue un muchacho que vino a pasar vacaciones de Barranquilla y después de ahogado el pueblo se conglomero y rompieron la represa para que el agua corriera. Desde entonces no se ha ahogado más nadie en ella. No se sabe si el pacto con el diablo o el encanto se acabaron o el espíritu se fue por la rotura de la represa.

LA LLORONA


Una vez una india pobre se enamoro de un joven blanco y rico. El joven la engaño y la embarazo. Cuando la india se vio engañada decidió tener el bebe y dejarlo abandonado en el río. Así fue. La india abandono al bebe. Cuando ella lo quiso ir a buscar en el río, éste se lo había llevado en sus corrientes. Entonces ella lloraba y lloraba y murió de pena moral, dicen los abuelos que cuando un niño hace algo malo esta india se sale y la llaman La Llorona.

Quienes la han visto dicen que es una mujer con la cara huesuda, cabellera revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos suelos y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico como de niño recién nacido, No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo.

Las apariciones se verifican en lugares solitarios, desde las ocho de la noche, hasta las cinco de la mañana. Sus sitios preferidos son las quebradas, lagunas y charcos profundos, donde se oye el chapaleo y los ayes lastimeros. Se les aparece a los hombres infieles, a los perversos, a los borrachos, a los jugadores y en fin, a todo ser que ande urdiendo maldades.

Este mito es conocido en todas las regiones de Colombia y está generalizado en América, con la diferencia de que cada región tiene su leyenda propia.

JUAN LARA

 

Esta historia se origina cuando un joven se enamoro de una muchacha muy bonita del municipio de Sahagún; resulta que había un ánima en pena llamada Juan Lara que también se enamoro de la misma mujer. Cuando iba a visitarla le tiraba tierra en la comida, le tiraba piedras, y toda clase de porquerías. En una ocasión apareció amarrado de pies y manos sobre unas matas de lata y todo sucio de barro. Juan Lara también visitaba a la mujer, le ponía comida y bebida, y aunque nadie lo veía no dejaba nada en los platos; yo ya estaba desesperado por tan incómoda situación, hasta que un día algunas personas le aconsejaron que le cortara el pelo a su novia y así lo hiso y fue tan enorme la sorpresa para Juan Lara que fue el remedio para retirarse de la casa y mas nunca se supo de él.

EL ÁNIMA DEL CAMINO

 

Parte 1

Cuentan los abuelos que una señora llamada Buenaventura Tenorio acostumbraba a venir de Catalina a Sahagún en burro a comprar artículos de primera necesidad.
Un día se le espanto el burro por una sombra y la señora Buena, como cariñosamente le decía, cayó y murió instantáneamente. La gente al enterarse del accidente, llego al lugar, la recogió y la llevo al Centro de Salud de Sahagún, donde el diagnostico medio fue de fallecida. En el lugar donde ella murió le colocaron una cruz a la orilla del camino. Desde ese entonces las personas la invocan con mucha fe, le piden al alma de ella, le ofrecen velas, monedas, sacrificios de visitarla a pie para conseguir favores y milagros.

Parte 2

Esto lo acostumbraban mucho los estudiantes para salir bien en los exámenes. Al pasar de los días personas de fe alas cuales se le había cumplido el milagro le ofrecieron una capilla de concreto estilo bóveda, Así es su tumba actualmente, aunque sus restos fueron llevados a su lugar de origen: Catalina, corregimiento de nuestro municipio, Sahagún.
Esta historia se convirtió en una leyenda del municipio.
EL PERRO NEGRO

Cuentan mis abuelos que esto sucedió hace muchos años en la época de su juventud. Dicen ellos que había un camino viejo o camino real así llamaban ellos un camino perdido, camino que mucha gente le temía y no era transitado por temor al comentario del perro negro que salía. Sus ojos eran enormes pero en la oscuridad parecían candela que brotaba de sus ojos. Cuenta mi abuelo que había un señor que no creía mucho en esos cuentos. Un día decidió pasar por el camino que todos temían. El quería probar si era verdad. Era el compadre de mi abuelo. Salió en su burro a paso lento pensando en el comentario del perro. Cuando iba a mitad de camino ya oscurecía; de pronto ve una bola muy grande en el camino, a medida que se acercaba aquello se iba creciendo mas y mas y vio como de sus ojos brotaba candela. El burro salió disparado y rebuznando y el señor cayó y allí quedo. Al día siguiente vieron al burro del compadre y ya todos se imaginaron que había sucedido. Todos salieron con palos, machetes y muchas cruces para espantar lo que fuera. Encontraron al señor allí, con la mirada perdida y sin hablar. Duro así tres días, de pronto alguien dijo: Traigan al cura para que lo rece o lo santigüe, y así fue. El cura lo bendijo y le echo agua bendita. A1 poco rato hablo el señor y dijo: Es verdad y muy grande, sus ojos tienen candela, da mucho miedo, mucho miedo.

Lo Repetía una y otra vez. Desde ese día todos callaban, hasta ese señor incrédulo que jamás vieron salir. Al camino real nadie lo nombra porque no quieren recordarlo par temor al perro negro, que por esos días de cuaresma se comentaba que salía mas par el camino viejo.

EL VAMPÍRO DE RANCHERÍA

EL HOMBRE CAIMÁN

Es una historia de amor, como todas, con la diferencia que el hombre salió mejor librado que cualquiera, a pesar de todas las adversidades. Así que si va a pedir otro trago, hágalo de una vez, que yo aquí empiezo mi relato y no paró hasta el final.

Un hombre, alegre y despreocupado, viajaba continuamente de Pinillos a Magangué vendiendo toda suerte de alimentos y frutas hermosas. A grandes voces y en medio del jugueteo entre él y las gentes de por aquí, el hombre divertía a todos con sus historias absurdas de cómo adquiría los productos, hasta el punto de convencer a los compradores de que lo que se llevaban eran objetos maravillosos.

Una tarde, mientras anunciaba a gritos la venta de unas naranjas que, según él, poseían las esencias del amor eterno, descubrió para su fortuna la presencia de una bella mulata con el pelo recién enjuagado que caminaba despreocupada. El hombre entabló conversación con la muchacha y rápidamente, ambos se vieron profundamente atraídos.

Ella se llamaba Roque Lina y era la hija de un severo e inabordable comerciante de arroz. Sus hermanos, que jugaban el secreto papel de vigilantes de los pasos de la muchacha, al darse cuenta de que Roque Lina era atraído cada vez más por las frases pomposas del hombre, dieron la voz de alarma a su padre.

Así pues, amigo, cuando el hombre apareció como de costumbre con sus alaridos y sus productos de otro mundo y se precipitó feliz a saludar con canciones a su querida Roque Lina, se encontró frente a la presencia poco amable de su imposible suegro. “Aquí el que vende soy yo”, le dijo tajantemente el padre. “Y mi hija no es arroz. Así que puede irse con su música a otra parte, antes de que tengamos problemas. ¡O yo no sé!”. Y sin agregar una palabra más, tomó a Roque Lina del brazo y la arrastró con él.

Fue desde ese momento cuando el hombre empezó a venir todos los días a esta tienda, a pedir el mismo ron, el mismo queso y el mismo arroz con coco y a mirar hacia el río. ¿Por qué? Rápidamente lo fui entendiendo: aquí los hombres se bañan en esta orilla. Hacia la mitad de la corriente hay un remolino y al otro lado se bañan las mujeres. Asimismo, aquí la gente va a la necesidad en el agua y se cobra un centavo por todo. ¿Qué pasaba? Pues nada más que el hombre se había puesto de acuerdo con Roque Lina para que cuando ella fuera a bañarse, él atravesara el río a nado y fuera a visitarla.

Usted estará preguntando cómo haría el hombre para atravesar aquel remolino, que a primera vista se adivina no apto para seres humanos. Pues aquí es donde reside el secreto de la historia. El hombre terminaba de comerse el arroz, se metía al agua y poco a poco, su cuerpo se iba corrugando, sus brazos se encogían en pequeñas patitas, sus piernas se unían en una agitada cola y cada uno de los granitos de arroz que se había comido se iban transformando en una hilera de dientes fluidísimos, hasta quedar convertido en un expertísimo caimán nadador.

Así el hombre caimán atravesaba ágilmente el remolino y luego de violentos chapoteos, lograba llegar hasta donde Roque Lina, quien ansiosa lo esperaba para ir a descubrir con él las profundidades secretas del río. El hombre venía aquí a diario, bebía y comía su eterna ración y se lanzaba en su viaje reptil donde su amada Roque Lina. Esta visita permanente fue poniendo alerta a todos los pescadores de la zona.

Una mañana, uno de los hermanos de Roque Lina alcanzó a percibir la cola desenfrenada del hombre caimán rompiendo el remolino y de inmediato dio la voz de alarma. Todos los pescadores de Magangué se dieron a la caza del caimán. Pero cualquier esfuerzo era inútil. Mientras más obstinados eran los hombres tratando de aniquilar al animal, más ágil se volvía el hombre para llegar hasta la orilla de Roque Lina.

Tómese el otro roncito, amigo, que esta historia ya se precipita a su final y tiene que prepararse para lo que sigue. ¿Me va siguiendo….?

El papá de Roque Lina, hombre ostentoso y sediento de fabricarse su propio orgullo, ubicó con exactitud el sitio por donde el caimán solía nadar y organizó un cerco para atraparlo.

Una mañana, un buen número de pescadores navegaron afanosamente por estos parajes, buscando sin descanso al caimán, comandados por el padre de Roque Lina. Mientras esto sucedía, el hombre de nuestra historia, sentado allí donde usted está, terminó su ron, su queso y su arroz y se fue de aquí. ¿Hacia dónde iba si todos lo buscaban? Luego lo supe: el muy vivo se echó al agua mientras todos estaban en su búsqueda, nadó agitadamente hasta el barco del papá de Roque Lina y de una, se devoró todo el arroz que encontró. Acto seguido, buscó a su amada que dormitaba en el muelle. Suavemente la acomodó sobre su espalda y sin despertarla, se alejó con Roque Lina en silencio.

Nunca volvió a saberse de ellos. Pero, desde ese día, todos los hombres de por aquí esconden temprano a sus mujeres y se apuran a comerse todo el arroz que tengan en la olla, antes de que el hombre caimán venga y haga desaparecer mujer y granos.

Este es más o menos el cuento, amigo. Lo bueno es que por aquí, desde esos días, se canta un merengue que dice:

Esta mañana, temprano,
cuando bien me fui a bañar,
vi un caimán muy singular
con cara de ser humano.

.Ya se da cuenta por qué es. Lo único que no puedo brindarle, amigo, es su plato de arroz con coco. Por estos días, no sé por qué, ha estado escaso por aquí. Pero. . . ¿no quiere que le cuente otra historia?

En algunos pueblos ubicados en las riberas del Río Magdalena y en el plan del Tolima se cuenta la historia de un espíritu que vive en las grutas del río Es el Mohán, personaje de piel india, cabellera larga y ojos refulgentes que mira de muchas formas.

El Mohán siempre usa una prenda de piel de tigre un sombrero de jipijapa de ala grande y siempre anda descalzo en sus pies. Tiene unos callos tan grandes de tanto caminar que puede hacer saltar chispas a la piedra cuando la rastrilla. Por lo general, siempre se le ve acurrucado y fumando un grueso tabaco con el que espanta las alimañas que quieren arrimársele y hacer coronitas del humo que se eleva

Dicen que es un personaje monstruoso, cubierto de pelaje abundante, que parece que estuviera cubierto por una larga cabellera. Tiene manos grandes con uñas largas y afiladas como las de una fiera.

Los pescadores lo califican de travieso, andariego, aventurero y libertino, se quejan de hacerles zozobrar sus embarcaciones, robarles sus carnadas y los anzuelos, dicen que les enreda las redes de pescar, les ahuyenta los peces. Las lavadoras le dicen monstruo, enamorado, músico hipnotizador, embaucador y feroz y cuenta con las hazañas más fabulosas. A veces resulta muy malo y cruel, otras veces se divierte haciendo bromas inofensivas.

LA PATASOLA


Habita entre la maraña espesa de la selva virgen, en las cumbres de la llanura. Con la única pata que tiene avanza con rapidez asombrosa. Es el endriago más temido por colonos, mineros, cazadores, caminantes, agricultores y leñadores.

Algunos aventureros dicen que es una mujer bellísima que los llama y los atrae para enamorarlos, pero avanza hacía la oscuridad del bosque a donde los va conduciendo con sus miradas lascivas, hasta transformarse en una mujer horrible con ojos de fuego, boca desproporcionada de donde asoman unos dientes de felino, y una cabellera corta, despeinada que cae sobre el rostro para ocultar su fealdad.

En otras ocasiones, oyen los lamentos de una mujer extraviada; la gritan para auxiliarla, pero los quejidos van tornándose más lastimeros a medida que avanza hacia la víctima y, cuando ya está muy cerca, se convierte en una fiera que se lanza sobre la persona, le chupa la sangre, y termina triturándola con sus agudos colmillos.

Cuentan los cazadores, que lo que más temen ellos, es el poder que tiene de metamorfosearse y por lo tanto los daños que causa y el engaño que les hace con la pezuña, porque a veces deja el rastro de vaca y otras de oso.

La defensa de cualquier persona que la vea, consiste en rodearse de animales domésticos, aunque advierten que le superan los perros, calificándolos a todos como animales "benditos".

Persigue a los caminantes y cazadores que penetran a sus predios a los mineros que tengan muchas herramientas, porque odia el hacha, la peinilla o el machete. Castiga a los agricultores mandándoles vendavales para destrozar sus plantíos, y más si son de maíz. Se cree dueña y señora de la selva rodeada de fieras y bichos maléficos.

Cuando está contenta con las maldades que ocasiona, se sienta a cantar sobre la copa de un árbol, o sobre un montículo, lo siguiente:

Yo soy más que la sirena;
En el monte vivo sola;
Y nadie se me resiste
Porque soy la Patasola.

En el camino, en la casa,
En el monte y en el río,
En el aire en las nubes,
Todo lo que existe es mío.

EL JINETE SIN CABEZA

 

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